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Dom, Dic
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Entrevistamos a Hari Sama sobre Ayotzinapa: a cuatro años de una cotidianidad interrumpida

Cine
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La ausencia es, indudablemente, la protagonista del corto de Hari Sama:"Ya nadie toca el trombón" que retrata muy de cerca la cotidianidad y el entorno de Cutberto Ortíz Ramos, uno de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

"Desde que me invitaron a hacer esta película, que fue una invitación colectiva, nos convocó Amnistía Internacional hace un par de años a varios colegas a integrar una especie de Ómnibus cinematográfico; me interesó mucho hacerlo; siempre pensé en hacer una película sobre la ausencia en un entorno muy cotidiano, dentro de lo que significa la verdadera poesía de lo cotidiano, la poesía en la práctica, como decía Grabiel Zaíd: escrita en los huevos revueltos; en salir a trabajar al campo; tratar de aprender un instrumento; tratar de ser feliz, de tener una mejor esperanza de vida..." nos explica Hari Sama, "Sólo que tenía que encontrar al personaje correcto, con el que yo sintiera ese espejo, esa empatía." El corto nos evoca a un instante en la vida de Cutberto, un instante de tensión, de espera en una cotidianidad ajena.  "Tuvimos la ayuda de gente que valoró mucho lo que queríamos hacer y que nos ofreció testimonios escritos, así pude leer biografías de muchos de ellos; cuando apareció Cutberto supe que ya no tenía que leer más: él es un chico que quiso tocar, que participó activamente en la formación de esta orquesta, el único que podía tocar el trombón; le gustaba Bob Esponja; tenía una relación cercana con la abuela... ahí me nace, como artista, una necesidad de conocerlo a través de su gente, y claro que todo acaba alrededor de la ausencia, porque para conocerlo forzosamente estás tocando la imposibilidad de conocerlo de manera directa y por lo tanto estás todo el tiempo hablando de la ausencia."

 

Para Hari Sama la experiencia de conocer y convivir de cerca con la familia y los amigos de Cutberto fue extremadamente dolorosa. "Siempre intento plantear ejercicios que tiendan a lo luminoso, a la transfiguración y a sublimar las cosas que duelen, pero es muy difícil". Se propuso, durante el rodaje, cocinar el plato favorito en honor a su ausencia, "Fue devastador porque no hay todavía un inicio de duelo, porque no se ha podido llevar a cabo un rito indispensable para iniciar un duelo: el poder enterrar a una persona, física o metafóricamente; ellos no han podido enterrar a Cutberto, y las otras familias no han podido enterrar tampoco a sus seres queridos, a sus hijos, a sus nietos... En ese sentido me queda una sensación muy agridulce porque estamos intentando hacer un ejercicio de humanismo que ayude a las personas". Uno de los principales impulsos que llevó a Hari Sama a realizar este corto fue el encontrarse a tantas personas ajenas a los horrores que a diario suceden en México, a tantas personas que están convencidas que estos horrores sólo le pueden suceder a los demás, a los que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. "Es muy fácil para mucha gente, con la que me he topado, pensar que eran unos revoltosos y claro, entonces está justificado el horror: ‘yo estoy lejos de eso, entonces a mí no me va a pasar nada’. Yo hice este corto para dialogar con esa gente, de corazón a corazón; pero al final si los hice transitar (a los familiares de Cutberto) por parajes muy oscuros que fueron muy dolorosos también para mí, nunca como para ellos, por supuesto."

La realidad es que en México hay una cultura alarmante de justificación para con los agresores que indudablemente marca una distancia de las víctimas, las deja desprotegidas y además las pone en la diana, ¿cuándo se volvió más importante justificar al agresor que construír un entorno seguro para las víctimas? "Si tú justificas al victimario de alguna manera te estás vendiendo a ti mismo la idea de que a ti no te puede pasar nada porque tú no te vas a equivocar como se equivocó la víctima; al momento en que tú lo justificas, estás tomandote la libertad de asumir que los estudiantes de cine no debían de haber estado ahí en Zapopan, por ejemplo; o que estos tipos eran unos revoltosos, que uno no debe de robar camiones, si robas camiones, ¡claro que te van al disolver en ácido! Es normal...". Es cotidiano convivir con letreros de desaparecidos a lo largo de las estaciones del transporte público, convivir con las primeras planas de los diarios amarillistas que no tienen pudor alguno para con los muertos que aparecen a diario, como escenificados bajo un encabezado de humor podrido.  "Venimos de una escuela, en este país, de que 'no pasa nada', además, nunca hay una modificación real de nada, pero todos somos lo mismo, no hay un ellos y nosotros, no hay otros, no existe, esa es una idea muy fantasiosa". La otredad puede ser muy conveniente en una realidad que ya ha sobrepasado a los mexicanos, de alguna manera u otra pensar que todas estas desapariciones y abusos por parte del gobierno son ajenos podría ayudarnos a sentirnos más seguros, sin embargo, todos somos víctimas en potencia.

Para su narrativa, Hari Sama optó por un diálogo interno a la hora de retratar a los seres queridos del protagonista ausente, como por debajo de su piel, hacia fibras muy profundas: sus emociones combinadas con imágenes muy cotidianas: la mamá preparando las enchiladas que le gustaban tanto a Cutberto, su padre cortando máiz; Hari Sama no estaba intentando hacer un reportaje, sino un retrato que comunicara todo esto al espectador en busca de un diálogo, un ejercicio de empatía. "Siento que este último año y medio, ellos no vieron realmente una razón de peso para haberse hecho pasar por lo que pasaron para hacer este corto que no había sido difundido de esta manera, siento que esta difusión le va a dar una justificación que nos puede dejar un poco más tranquilos, tanto la familia, como a nosotros."

Hari Sama nos relata un poco sobre el proyecto de la mecánica de difusión de Ya nadie toca el trombón durante el Miércoles 26 de Septiembre, a partir de la media noche. "Ahorita se dio la coyuntura del cuarto aniversario de esta desaparición forzada y creo que llegó un buen momento para mostrarlo con la idea de hacerlo llegar a la gente que se resiste a sentir empatía por el otro, y a entender que todos somos mestizos en este país, que todos somos una urdimbre y que no puedes decir que es más importante la oreja que el hígado en una entidad: México es una entidad, somos células de una misma cosa". Hari Sama describe cómo los medios y los artistas son cómplices, aliados indispensables: "Casi 70 medios lo van a subir en sus plataformas el 26, de manera que su alcance se estima mucho mayor de lo que hubiéramos logrado solos, entonces se vuelve muchísimo más interesante: dejó de ser nuestro para ser de todos; así podremos acercarnos a generar un poco de compasión en los ciudadanos que no necesariamente se sienten tan cerca de estos estudiantes, por ejemplo, porque además siento que estos estudiantes son una metáfora, un fractal para más de 30.000 desaparecidos en el país y creo que es muy importante humanizarlo, que dejen de ser cifras y números fríos: es muy importante ver a la gente que hay detrás de sus números".

¿Quiénes son esas personas y qué tanto tiene que pasar para que el mexicano empiece a hacer comunidad?

El corto Ya nadie toca el trombón estará disponible en Eclectic Electric durante el 26 de Septiembre, no lo dejen pasar, a continuación, les dejamos un adelanto:

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