En busca de la simetría: una entrevista con Alex Otaola

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“Lo curioso es que no estaba en mis planes hacer un disco este año” nos revela Alex Otaola, “todo esto lo fue despertando el aislamiento pandémico.” Las canciones que había estado componiendo a principios del año en curso compartían su cualidad de collage con Fractales.

“Ese primer disco lo podías percibir como un sólo evento musical de 40 minutos o como quince canciones, y si hacías un zoom a una de esas quince canciones también la podías percibir como un sólo evento musical o como cuatro fragmentos: de ahí viene la analogía con lo fractal.”

Fractales II se despierta lenta y suavemente, oscila cada vez más rápido y de la fricción sale despedido un resplandor que estalla en Otra vez a rush, el primer sencillo que Otaola dio a conocer de este nuevo material (y del que hablamos con lujo de detalle aquí), de pronto se extingue este trayecto abrasador y Punto de Fuga se muestra, fragmentándose imponente pero juguetona por el espacio; danzante como las moléculas en el vapor, se contonea y se retuerce por intervalos en un vaivén que encuentra la simetría. “Eso seguro es por influencia de Kubrickconfiesa Otaola al preguntarle por su predilección por la simetría, “Me gustan también las cosas abstractas y hasta agresivas, pero la simetría me gusta porque genera la sensación de que existen puntos de fuga que le dan orden y equilibrio a todo lo demás que está sucediendo.”  Su amor por la simetría está presente en la duración en capicúa del disco completo (41:14) y en la manera en la que articula sus paisajes en espejo.

La música viene primero, después el referente; Jetée estuvo terminada antes de recibir su nombre, “¿a qué película me suena?” se preguntaba él. La narrativa misteriosa de esta pieza y la sensación metálica y futurista que dejaba al oído le remitió a la ciencia ficción particular de Chris Marker. “En el primer disco el proceso fue similar, pero en ese entonces yo estaba completamente obsesionado con Godard y los 60s.”  Otalola buscaba un tratamiento audiovisual para la producción de ese primer disco del 2007. “¿Cómo le hago para que en la música se sienta que se botó la cinta del proyector; para que se sienta que comienza un flashback?” Se hace presente la claqueta y la canción cambia a blanco y negro.

Esta manera de trabajar la música sigue presente en su obra, pero este proceso se ha vuelto inconsciente para Otaola, que piensa en su trabajo musical como algo necesariamente audiovisual.

pAnhedoniA florece discreta del resplandor latente que deja Jetée; gélida en un principio, despide un aliento cristalino; el calor se va impregnando a este soplo que deambula romántico entre colores fríos. De una intrincada incertidumbre al rubor, del rubor a la quietud y de la quietud a Silent Way que se despliega entre el rumbo de las crestas de un mar sereno. “Sólo me ha pasado dos veces... el tema con el que empieza el teclado: me desperté un día y lo traía en la cabeza…  yo pensaba en un principio que se trataba de una rola de los Boards of Canada.”  Así fue como esta canción se materializó directamente de su ensueño.

“Es muy común que después se te olvide la música con la que sueñas, pero ésta como que no se me iba y no se me iba… entonces me senté y dije ‘ok, vamos a darle forma.’  La parte del inicio y la del final son iguales; en medio hay un homenaje descarado a un disco de Miles Davis que se llama In a Silent Way, pero para hacerlo un poco más ambiguo se terminó llamando Silent Wey con E.”

Esta pieza, además de ser una de las más destacadas del disco, es un homenaje a Davis y a la introspección.

Con Bajo California, que tintinea inquieta y resplandece en su narrativa torno a lo que se siente como un descubrimiento, llegamos al final del lado A del disco. “Esa originalmente se llamaba Nodonos cuenta Otaola“(Bajo California) ha sido de las pelis mexicanas que más me han gustado de toda la vida. En algún momento sentí que las figuras que estaban haciendo los sintetizadores eran similares a las espirales que hace en la playa el personaje de Damián Alcázar.

El lado B comienza con Rashomon que tiene un sabor oriental además de la luminiscencia y el movimiento que ha caracterizado los paisajes recorridos a lo largo del disco. Fractales II es sin duda un disco muy visual, de paisajes sonoros. ¿Y el paisaje sonoro predilecto de Otaola? “Uno de los que más me gusta, y es curioso, es el de La Feria de San Marcos de Aguascalientes, y no necesariamente por el contenido musical, sino porque a medida que te vas moviendo te atacan varias músicas de distintos lugares, con distintos niveles y potencias. Te puedes quedar de pie en un lugar, pero conforme vas caminando, se va modificando el nivel de cada cosa y queda esta sensación de 360° en la que estás inmerso en cuatro o cinco músicas distintas; en la que se vinculan de alguna manera cosas que no están conscientes de sí mismas para formar algo más… esa sensación, ese tipo de paisaje sonoro me encanta.”

 Un agudo contraste y unos maullidos enroscados caracterizan la transición de Rumble Driver a Sal de la Tierra (un título que además de hacer un guiño al cine de Wenders y a la fotografía de Salgado, se puede leer como una denuncia ecológica en imperativo). La primera es estridente, placentera pero violenta, la segunda entrañable, conmovedora. Sal de la Tierra fue compuesta hace más de diez años, originalmente llevaba el nombre de Persona y no había encontrado su lugar hasta ahora. Otaola colocó muy a propósito “el momento más pesado del disco junto al más delicado."  

“Justo porque se trataba de un homenaje a mi papá le pedí a mi hermano (Javier Otaola) que le hiciera un video; él es foto-periodista, estudió historia, y por muchos años ha estado documentando las fiestas patronales de Totolapan." 

Dos escenarios de ciencia ficción nos esperan a la par de 2046 y de Stalker que cierran el círculo de este viaje en el que colaboraron (con cameos musicales, como se lee en su bandcamp): Aarón Flores, Abigail Vásquez, Alfonso André, Alonso Arreola, Brian Allen, Carlos Avilez, Carlos Orozco, Chema Arreola, Christian Jiménez, Federico Sánchez, Gustavo Nandayapa, Israel Torres Araiza, Javier Lara y Natalia Pérez Turner en el lado A y Andrés Landon, Dafne Carballo, Erik Kasten, Frankie Mares, Hernán Hecht, Sandra Michel, Karla Molkovich, Luca Ortega, Nacho González, Ravish Momin en el lado B. 

2049 es la búsqueda mientras que Stalker es el reconocimiento.

Él se inspira muchas veces en la estructura de las películas más que en su sonido y no es un accidente que este viaje termine con Stalker que de alguna manera transpone en su discurso parte de la filosofía de Heráclito que también está presente en la película de Tarkovski: ‘nunca puede uno volver a escuchar el mismo disco’ o “idealmente no, porque uno no debería de ser el mismo después de estar expuesto a una película, a un libro, a un cuadro o música; idealmente debería de haberse transformado la percepción que tienes de las cosas que hay a tu alrededor… entonces, en el mejor de los casos cuando regresas a algo no eres la misma persona y además sigue habiendo el potencial de transformación." Concluye solemne.

“Y si tu vida fuera una película, ¿quién la dirigiría?” preguntamos para terminar.

“Yo siento que la está dirigiendo Jarmusch, me gustaría que la dirigieran los Coen, pero al final con que sólo haya el audio-comentario de Herzog, con eso me basta (risas).”

¡No se olviden de que mañana es bandcamp friday lo que significa que bandcamp dará directamente el 100% de sus ganancias económicas al artista! Qué mejor fecha para adquirir Fractales II (que actualmente no está disponible en streaming) en su versión digital y en su vinil de lujo.

En esta playlist puedes encontrar las bandas sonoras predilectas de Alex Otaola: