Exclusiva: Klezmerson presenta Tiferet en Casa del Lago

Este pasado 26 de Julio el sonido de Klezmerson, acompañado por el inigualable Cyro Baptista, dibujó desiertos sobre el escenario de Casa del Lago con motivo de la presentación de su última producción discográfica: Tiferet. Éste último álbum forma parte de la colección de Masada Book 3: "The Book of Beriah" de John Zorn que finalmente podrá ser escuchada a partir del 25 de Agosto. 

Los paisajes por los que nos llevan a lo largo de la velada son esencialmente desérticos, Hashawah levanta un cúmulo de arena; acompasados al galope de Baptista (por un instante, las percusiones del Maestro suenan en definitva a un caballo) y Nandayapa, atravesamos dunas de colores; a lo lejos una ciudad perdida va cobrando nitidez, laberínticos mercados entre la tormenta de arena. Una vez que hemos llegado a nuestro destino, en medio de este lugar que han construído con melodías, escuchamos Samchia, de su pasada producción, Amon, que es siempre un deleite y a esta danza (no se puede no bailar con Samchia), le sucede Pastelitos de Piña (Klezmerol 2008) que se contonea con ardiente nitidez, casi como dibujada por el lomo de una culebra que lleva el atardecer fragmentado entre las escamas; un interludio percusivo y un verso: "el pecador no tiene fortuna". Después sigue Yefefiah,también de Amon, que es endemoniadamente divertida, avanza sigilosa, los músicos se responden a voces cortesmente antes de que el escenario estalle en un campo de batalla, y entonces las frases se precipitan a por otras en un torbellino de inmensas proporciones centrífugas. Fly By, también de Klezmerol, es casi un juego entre hases de luz y velos con los que el viento esculpe siluetas a su paso, paso llevado por Carina López. Baptista saca un tropel de juguetes y nos regala un montón de melodías percusivas; Tomer, nos cautiva después, turbia al principio como la boca de la tierra, como los angostos pasadizos de una gruta una gruta, nos pinta con su rubor subterráneo, Sapir disipa tranquilamente la penumbra con un soplo fresco e hipnótico que precede a Briel que con guiños de jazz, trota ágilmente entre texturas, unas rasposas, otras más bien cristalinas; Cyro interviene, empieza a dirigir a los músicos, el jazz se encuentra con el progresivo y el encuentro resulta un frenesí. Alrededor de la audiencia ha anochecido y el concierto llega a su fin, no sin antes complacernos con los clásicos Lieberman Funky Freylech Tartar Tantz, el desierto se evapora suavemente y en su lugar se queda la danza...

¡Estamos ansiosos por que salga Tiferet!

Fotos por Miguel Nájera e Ingrid V. Pohlenz