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Reseña | PJ Harvey Is This Desire?

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Un 28 de septiembre de 1998 fue lanzado el cuarto álbum de estudio de la musa PJ Harvey, Is This Desire? Disco grabado en el período que comprende los años 1997 y 1998 en Yeovil y Londres,​ y que se caracterizó por mostrar un radical cambio en el estilo musical de Polly Jean al incursionar en géneros como el rock electrónico​ y el trip hop.

Para muchos Is This Desire? es considerado el disco más electrónico y experimental de PJ, el cuál decepcionó a fans y medios ya que esperaban una continuación a To Bring You My Love (1995), pero independientemente a todo, esta producción abrió la carrera de PJ a un mayor número de público gracias a la consolidación mediática del personaje, lo que la llevo a las portadas de famosas revistas, así como también a rotar en MTV con el vídeo de ‘A perfect day Elise’. Aun considerado por la crítica como un disco menor de PJ Harvey, no por el tipo de sonidos sino por el número de sencillos radiables, sigue siendo un must por las tres joyas absolutas en las que manda el piano: ‘The Garden’, la historia de la prostituta ‘Angelene’ (¿segunda parte de ‘Down by the water’?) y sobre todo la escalofriante ‘The River’. 

“Trate de encontrar un nuevo camino, en un momento particularmente difícil en mi vida. Así que fue muy, muy difícil grabar un disco así y todavía lo encuentro muy difícil de escuchar, pero probablemente sea mi disco favorito de los que he hecho porque tenía mucho valor. Quiero decir: yo estaba haciendo música extremadamente difícil, experimentando con técnicas que no había usado antes y sin importarme realmente lo que los demás pensaran sobre ello. Estoy muy orgullosa de él” …

Así hablaba de Is This Desire? PJ Harvey años después de su edición.

 

 

“¿Es esto deseo?”. Esa pregunta, si uno se la formula, denota una confusión espeluznante. Más allá de querer poner nombre a sensaciones desconocidas, y después de escuchar estas doce canciones, Polly Jean parece asombrarse de que la parte emocionante del deseo tenga un reverso insoportable y molesto. En el cuarto álbum de la autora británica esos entresijos tienen voz, una voz hosca y encerrada. Exhausta después de promocionar el portentoso To Bring You My Love durante prácticamente un año y desolada por el fin de una intensa pero breve relación sentimental con Nick Cave, Polly Jean Harvey llegó a plantearse dejar de hacer música y hasta desechó una primera versión de este trabajo en 1997, inmersa como estaba en un delicado estado emocional. Cuando se vio fortalecida y retomó el hilo de lo que había empezado, aún no sabía que daría forma a la que, en retrospectiva, quizás es su obra más valiente. La expectación por ver hacia dónde se dirigiría después de grabar uno de los discos mejor valorados por crítica y público en 1995 (nominado al Mercury Prize) no le supuso una presión importante, haciendo de Is This Desire? el viaje en blanco y negro que debía ser, sin rastro del carmín escarlata de su predecesor y más incómodo que el encendido Rid of Me (1993) aún sin armar la mitad de ruido.

La pieza titular recoge la tensión incorpórea del deseo carnal a punto de materializarse en contacto físico, pero son más bien las consecuencias de ese hecho las que llevan el peso argumental en el álbum. Lo más duro de Is This Desire? está en la naturaleza solitaria de su narrativa, una soledad que le imponen primero terminando la relación y autoimpuesta después, cuando la ausencia se hace inaguantable y le lleva al encierro espiritual. Mediante la creación de personajes con nombre y rasgos diferenciables -no importa si hablan en primera persona o si es ella la que lo explica en tercera- organiza sus emociones y se desvincula del asomo al pronunciado talud de su interior, quizás una manera de negarse la certeza de que sentimientos tan terribles eran suyos. Su osadía es aún mayor en un enfoque de sonido sin concesiones a la belleza ortodoxa: la mayoría de las canciones utilizan fragmentos y tomas vocales de los demos originales que Harvey grabó en casa a cuatro pistas y que conservan todo tipo de impurezas, desde el gis de la cinta magnética al temblor puntual de la voz, y hace uso de una electrónica minimalista y distorsionada, llena de graves y suciedad, como herramienta para corresponder musicalmente la turbiedad de sus emociones.

 

Al inicio del álbum resume la situación en ‘Angelene’, un medio tiempo en boca de una chica que se entrega a cualquier hombre, pero a quien ha robado el alma uno que ella no puede alcanzar. El contexto del álbum a partir de ahí es tosco y el grano de la fotografía, grueso: con una caja de ritmos y una línea de bajo interpretada en un teclado, ‘My Beautiful Leah’ duele como el agotamiento que ataca después de un largo sollozo, un escenario apropiado para la historia de una chica deprimida que ha desaparecido ( “¿La ha visto, señor? / Pelo negro, ojos marrones / (…) Nunca me abandonan las últimas palabras que dijo: / ‘Si no lo encuentro esta vez, estaré mejor muerta’"). El mismo esqueleto funciona en otras canciones: sobre el zumbido esquemático de ‘Electric Light’ bastan dos frases para abreviar esa fascinación secreta por alguien que remueve el espíritu (“Su belleza bajo la luz eléctrica siempre me arranca el corazón”) y la conversación que mantienen bajo y voz sobre el ritmo ligero de ‘A Perfect Day Elise’ -primer sencillo del disco- esconde una historia de romance posesivo con desenlace en negro.

Se dan retratos de mujeres rurales para quienes pasan los años y permanecen solas (Catherine envuelta en misterio en la rítmica y extrañamente onírica ‘The Wind’: “Una vez fue una señora de la ciudad / pero ahora se sienta y gimotea / (…) La veo en su capilla, en lo alto de la colina / Debe estar tan sola”; Joy rodeada de extremismo industrial en su canción homónima: “Toda una vida soltera / a los treinta años nunca había bailado ni un paso / Se hubiera ido de estas montañas hace mucho si no fuera por su condición”) e imágenes poéticas como las de ‘The River’ o ‘The Garden’, ambas apuntaladas por preciosos fraseos de piano. Más interesante se pone cuando los sentimientos son de euforia (‘The Sky Lit Up’ explotando con las percusiones del final: “Me da lo mismo que esté pensando él / Toma el coche, Toma la mano / El cielo se iluminó”), despecho endiablado (la exposición violenta en ‘No Girl So Sweet’ es el momento más intenso de Is This Desire?) o esos celos recitados con voz intoxicada y nudo en la garganta en la gélida ‘Catherine’ (“Envidio al viento, tu pelo cabalgándolo / Envidio a la almohada, en ella tu cabeza descansa y sueña / Envidio a tu amante con una envidia asesina / Hasta que la luz brille sobre mí, maldeciré cada segundo que respires”). Apagadas las brasas del deseo, sopladas sus cenizas por la brisa, solo queda renacer, sellando este disco con la emocional ‘Is This Desire?’.

A dos décadas de su lanzamiento, Is This Desire? es sin dudar una obra maestra más de Polly Jean Harvey.

 

PJ Harvey – Is This Desire? ★★★★★

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