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Mié, Oct
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La persuasiva violencia de: “The Killing of the Sacred Deer”

Peliculas
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El cine puede ser muy perturbador, y cuando no nos trastorna, al menos no en la manera en la que esperamos ser trastornados, se puede volver un infierno, un infierno que vale la pena, porque trastoca tu perspectiva, ese es el cine que vale la pena: no te complace, te provoca.

Es curioso cómo en el cine de terror hay cierta expectativa y ciertos límites bien estudiados de qué se le puede enseñar a la audiencia y qué no, después está toda esta ecuación en la que van resolviendo cómo quieren que reaccione su audiencia. Esto de alguna manera ha generado una fórmula que ha llevado al género del horror a una decadencia tan barata como espantosa. A pesar que “The Killing of a Sacred Deer” no es propiamente una película de horror, pocas veces se ve a una audiencia salir así de perturbada de una sala de cine, también tenemos que tomar en cuenta que esta es una audiencia mucho más difícil, que ha visto mucho más, que gusta de todo tipo de violencia. El cine de Yorgos Lanthimos raya en la ciencia ficción, sin ser ciencia ficción del todo, coquetea entre el drama y un humor negro particular, retorcido, su violencia es discreta, al principio...

 

 

La voz de Kubrick tiene una resonancia en su trabajo por cómo maneja el tiempo, la tensión y por su amor a los detalles, y a pesar de que esa lectura, de que esa perspectiva está latente en la cinta, Lanthimos la lleva a otra parte completamente diferente en un ejercicio aterrador de calibrada tensión, que aprieta y aprieta, como una serpiente, hasta casi sofocarte. Lo primero que vemos a cuadro es un corazón expuesto que está siendo operado, muy apenas, casi una instalación de arte, las manos de un cirujano trabajan indecisas aquí y allá, hasta que finalmente vemos cómo el cirujano tira su bata, sus guantes blancos con intervalos de sangre en un cuadro idéntico, pero inerte, una alegoría que nos acompaña a lo largo de la película, un pulso. Así nos presentan al personaje de Colin Farrell, un cardiólogo exitoso con un estilo de vida frívolo, sintético, ideal, su esposa, interpretada por Nicole Kidman, así como sus hijos son de extraordinaria belleza, viven su vida elegante que se resuelve sin esfuerzo a través de esas sencillas ecuaciones que han terminado por delimitar su rutina.

 

La manera en la que Lanthimos resuelve los detalles mundanos de la cotidianidad que construye es brillante, encantadora, siempre hay algo tan artificial, tan montado desde la propia composición de las imágenes, en la interacción de sus personajes; mientras un cine un poco más convencional busca ser más consistente, realista incluso cuando se trata de un entorno fantástico, como si se pudiera borrar el límite tan evidente entre la pantalla y el espectador, Lanthimos busca siempre hacer evidente el ejercicio del cine, busca incomodar al espectador y consigue una inmersión mayor, una contemplativa en la que uno intenta descifrar las constantes insinuaciones que nos da la trama, la música, las miradas, que como en el cine de terror de los grandes, sacan a relucir nuestros mayores prejuicios, nuestros más temidos fantasmas.

 

Steven (Farrell) tiene una relación inusual con un muchacho de diecisiete años llamado Martin (Barry Keoghan), el muchacho parece admirarlo, como si buscara seguir sus pasos en el camino de la cardiología, pero Lanthimos siempre hace evidente que algo no está bien, no sólo en esa relación, sino con Martin que no deja de ocultar algo mientras empieza a involucrarse poco a poco con la familia de Steven. Anna (Kidman) es doctora también y a pesar de que parece tenerlo todo bajo control, cuando sus hijos caen en una súbita enfermedad que no es tratable, que no es lógica, al menos para estos médicos, que está fuera de su alcance provoca que el mundo que construyeron a su alrededor, tan articulado y funcional, empiece a descomponerse, a caerse a pedazos, llevando a Steven y a Anna más allá de sus límites, todo esto con humor tan oscuro, con una violencia tan elegante. ¿Hasta qué punto tiene un doctor control sobre la vida de un paciente? ¿Hasta qué punto es responsable de su muerte? ¿Qué es la justicia? ¿Cómo es que Martin termina pareciendo el personaje más sensato en este desplante de locura?

The Killing of the Sacred Deer es una de las mejores películas que se han estrenado este año, imperdible, si están atentos a su próximo estreno, no vayan con el estómago lleno.

 

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