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Mié, Dic
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No conocía a mi hija: Searching

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Cualquier formato es un terreno fértil para un buen narrador. Buscando  es la ópera prima de Aneesh Chaganty, y ha sido merecedora de un galardón en el festival de Sundance.

Chaganty no sólo es un buen narrador, también es un pionero que supo articular un thriller con un formato completamente novedoso: la hija de David Kim (John Cho, Star Trek) ha desaparecido sin dejar rastro, la detective Vick (Debra Messing, Will & Grace), una mujer ejemplar (al menos ante Google) es asignada al caso, y la búsqueda habrá de narrarse a través de la pantalla de un ordenador... ¿qué es un ordenador sino un retrato de nuestros intereses, de nuestras interacciones? Un íntimo registro que bien puede delimitar el carácter de una persona; un rastro, ni más ni menos, del que se sirve nuestro protagonista para intentar deducir el paradero de su hija conforme a sus acciones en línea.

David Kim no sabe realmente quién es su hija, hasta que ésta desaparece.

Innovar en ámbitos de formato y narrativa es cada vez más difícil en terrenos tan vastos, y sin embargo tan explorados, como los del cine; claro que los formatos no necesariamente se agotan, estos responden a una realidad, la aparición de estos puede ser casi inadvertida puesto que la cotidianidad es un lenguaje en sí mismo, la cotidianidad se construye a partir de pequeñas narrativas y normas que no necesariamente se siguen a conciencia; antes difícilmente nos habríamos imaginado un thriller articulado a partir de la pantalla de un ordenador, pero Chaganty sabe que ahora nuestro ordenador y nuestra cotidianidad son inseparables, y él en ningún momento se sirve de voz en off, el universo que construye para sus personajes es tan vigente como consistente; más bien se sirve de todos los recursos que le brinda la interfaz de un ordenador sin romper jamás ese límite: de una manera u otra el espectador no está inmerso en la historia, y la inmersión es un tema importante, porque a ella abogan, no sólo las grandes cintas “ver una película o ser parte de ella” es el slogan de IMAX en Cinépolis, eso dice mucho de cómo busca un espectador relacionarse con una película, pero en esta, a pesar de que es imposible no involucrarse, el espectador se involucra como un testigo, su relación con los eventos jamás es directa, es hasta una invasión a la privacidad, como una suerte de spyware que se aloja inadvertido en una computadora, una computadora que se convierte paulatinamente en un documento, una crónica involuntaria del usuario a través del tiempo.

Además del formato, Chaganty y Sev Ohanian se encargaron de un guión afilado y detallado que bien responde a la perspectiva de su protagonista; dichos detalles significarían muy poco en el papel sin la ayuda de Nicholas D. Johnson y de Will Merrick en el departamento de edición que consiguen que el ritmo no sea tedioso, muy al contrario, éste se precipita con el ímpetu y los reveces de la búsqueda. Hay mucho cuidado puesto en los personajes, sobre todo en David Kim; es en su desesperación que se esclarecen las cosas, en la que tiene lugar una crítica a este universo en el que estamos inmerso, un universo limitado y engañoso en el que la identidad se desdibuja, en el que difícilmente se puede actuar más allá de una intención genuina o una declaración oportunista; entre los trending-topics y los registros casi inmediatos que van desde las cámaras de seguridad hasta los mismos noticiosos, la línea entre lo público y lo privado es cada vez más delgada; lo que cuenta y lo que es valioso es lo que permanece al apagar el ordenador.

 

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